Agustín de la Hoz, un defensor de la pasión como esencia del historiador

«Para escribir históricamente de algo, para ser historiador, hay que amar las piedras y sentir emoción ante un trozo de gánigo». Con esta reflexión, Agustín de la Hoz (1926-1988) resumía una forma de entender la investigación histórica profundamente ligada al sentimiento, al patrimonio y a la identidad de un pueblo.

El escritor, cronista e intelectual lanzaroteño sostenía que el trabajo del historiador va mucho más allá de recopilar fechas o documentos. Para él, la verdadera historia nace de la capacidad de emocionarse ante los vestigios del pasado, de comprender el valor simbólico de cada piedra, de cada objeto arqueológico y de cada huella que ha dejado el paso del tiempo.

En una de sus frases más recordadas, De la Hoz afirmaba que esa emoción «solo tiene comparación con el amor que siente el poeta en el alma cuando nos quiere decir algo». Una comparación que une dos disciplinas aparentemente distintas, pero que comparten un mismo objetivo: interpretar la realidad y transmitirla con autenticidad.

La referencia al gánigo, una de las piezas más representativas de la cultura aborigen canaria, simboliza precisamente esa conexión entre el investigador y el legado material que define la historia de Lanzarote y del Archipiélago.

Su pensamiento continúa vigente décadas después, especialmente en una isla donde la conservación del patrimonio histórico y arqueológico sigue siendo un elemento esencial para comprender la evolución de su territorio y de su identidad cultural.

Las palabras de Agustín de la Hoz recuerdan que la historia no solo se escribe con archivos y documentos. También se construye desde la sensibilidad, el respeto y la capacidad de emocionarse ante aquello que ha sobrevivido al paso de los siglos, convirtiendo el pasado en una herramienta imprescindible para comprender el presente y proyectar el futuro.

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