Los combustibles canarios están bajo lupa por posibles distorsiones en precios
El Gobierno de Canarias realiza una campaña de inspección en 78 estaciones de servicio del Archipiélago con el objetivo de analizar el comportamiento del mercado de combustibles y determinar las causas de las anomalías detectadas en diversos estudios encargados por la Dirección General de Comercio y Consumo, según han señalado desde el Ejecutivo..
Desde Hacienda han confirmado que las subidas internacionales del petróleo se trasladan al surtidor en apenas dos o tres días, mientras que las bajadas tardan entre diez y trece jornadas en reflejarse parcialmente en los precios finales.
Este fenómeno, conocido como “efecto cohete y efecto pluma”, tiene consecuencias directas sobre el bolsillo de las familias, los trabajadores autónomos y el tejido empresarial de Canarias.

Según el informe analizado por el Ejecutivo, existe además una elevada concentración del mercado, ya que cuatro operadores controlan más de tres cuartas partes de la red de estaciones de servicio del Archipiélago.
La campaña se centrará en requerir documentación a los operadores seleccionados para conocer con detalle sus políticas de precios durante el periodo analizado.
Los datos recopilados serán remitidos posteriormente al Servicio de Defensa de la Competencia, que determinará si las diferencias detectadas responden a dinámicas normales del mercado o si existen indicios de conductas irregulares, según el Gobierno.
La medida busca reforzar la transparencia en un sector estratégico para Canarias, donde el precio de los combustibles influye directamente en el coste de la vida, la movilidad y la competitividad económica.







Estoy totalmente de acuerdo, que razón tienes
Me gusto mucho este comentario, tiene mucha razón
En el sector de los combustibles existe un fenómeno extraordinario que debería ser estudiado por la ciencia. Cuando estalla un conflicto en cualquier país productor de petróleo, las gasolineras suben los precios en cuestión de horas. La velocidad es tan impresionante que ni la luz parece competir con ella.
Lo más sorprendente es que sus depósitos ya están llenos de combustible comprado días o semanas antes, pero eso no parece importar. Debe de tratarse de una conexión mística entre las bombas de gasolina y los mercados internacionales.
Durante la guerra entre Rusia y Ucrania, los precios se dispararon con una sincronización casi militar. Miles de conductores descubrieron que llenar el depósito empezaba a parecerse más a pagar una hipoteca que a una simple parada en la gasolinera.
Sin embargo, la llegada de las estaciones *low cost* provocó un milagro aún mayor. De repente, los precios que parecían inevitables, justificados e inamovibles comenzaron a caer. Resultó que el combustible no estaba hecho de oro líquido después de todo.
Las gasolineras vecinas, que hasta entonces defendían sus tarifas con la firmeza de quien protege un tesoro nacional, se vieron obligadas a bajar los precios para no quedarse contemplando un desfile de clientes rumbo a la competencia. Algunas incluso acabaron cerrando sus puertas.
Y así descubrimos una verdad fascinante: cuando el petróleo sube, los precios reaccionan de inmediato; cuando baja, necesitan meses de reflexión, análisis profundo y seguramente varias reuniones estratégicas para decidir si trasladan la rebaja al consumidor.
Cosas del mercado. O, dicho de otra forma, socializar las excusas y privatizar los beneficios.