Cuestión de enamorados: San Valentín, entre la historia y el mito
La figura central es San Valentín, un personaje rodeado de versiones distintas. La más extendida lo sitúa en el siglo III, durante el mandato del emperador Claudio II, cuando el Imperio romano atravesaba un periodo de conflictos constantes. Según la tradición, el emperador prohibió el matrimonio entre jóvenes soldados al considerar que los hombres solteros rendían mejor en el ejército. Valentín, sacerdote cristiano, habría desafiado esa orden celebrando bodas en secreto.
Descubierto y encarcelado, fue ejecutado el 14 de febrero. Con el tiempo, su figura se asoció a la defensa del amor y del compromiso frente a la imposición del poder. No hay pruebas históricas concluyentes de estos hechos, pero el relato se consolidó y fue adoptado siglos después por la Iglesia católica, que estableció oficialmente el 14 de febrero como su festividad.

Además, algunos historiadores señalan que esta fecha ayudó a sustituir antiguas celebraciones paganas romanas, como las Lupercales, vinculadas a la fertilidad y al inicio de la primavera. La cristianización de esas fiestas fue una práctica habitual en la expansión del cristianismo.
No fue hasta la Edad Media, especialmente en Inglaterra y Francia, cuando San Valentín empezó a relacionarse con el amor romántico, y mucho más tarde -ya en los siglos XIX y XX- cuando la celebración adoptó su forma actual, impulsada por el comercio y la cultura popular.
Así, lo que hoy se conoce como el “día de los enamorados” es en realidad el resultado de siglos de transformaciones: de un martirio poco documentado a una fecha global marcada más por el consumo que por su origen histórico.








