La patronal turística recurre la nueva Zona de Interés Acuícola de Lanzarote

El sector empresarial de Lanzarote emite hoy un comunicado donde subrayan que se opone al desarrollo de la acuicultura en las zonas turísticas de la isla. “El riesgo que implica instalar jaulas marinas frente a los núcleos turísticos pone en peligro la actividad económica de muchas empresas y autónomos por el impacto visual y la degradación de la calidad del agua”, argumentan.

Aseguran que existen “otras áreas en la isla” donde puede desarrollarse esta actividad, considerada como una oportunidad para la diversificación económica, sin la necesidad de atacar una industria que funciona, el Turismo.

Y recuerdan que la Federación Turística de Lanzarote, Asolan y la Cámara de Comercio de Lanzarote y La Graciosa, ya presentaron alegaciones a la aprobación provisional del Plan Regional de Ordenación de la Acuicultura en el año 2014, que fueron desestimadas por el Gobierno de Canarias al no considerar que existiera impacto de una actividad sobre la otra. Hoy, siete años después, se hace evidente la incompatibilidad.

Ahora, el sector empresarial en torno a la Federación Turística insular ha presentado un Recurso Potestativo de Reposición a la orden de 11 de febrero de 2021 publicada en el BOC del 1 de marzo para que se reconsidere la decisión que declara la ZIA LZ-2 dentro del Plan Regional de Ordenación de la Acuicultura de Canarias (PROAC).

Trece playas afectadas

La economía azul es, junto a la economía verde, un eje nuclear para la tan deseada diversificación económica, explican. “Sin embargo, no a cualquier precio. Instalar criaderos animales frente a las mejores playas supone un atentado al sentido común, al medioambiente y a una economía maltrecha por el COVID-19”.

Las zonas señaladas para esta actividad se sitúan precisamente entre La Bufona y El Barranquillo. Y según la patronal, trece playas estarían perjudicadas en este tramo, de las que cinco cuentan con una bandera azul que perderían en poco tiempo: Playa del Reducto, Matagorda, Pocillos, Playa Grande y La Barrilla.

Por último, destacan parte del contenido del informe de Impacto de la Acuicultura en el sector turístico de Tenerife, donde se señala que “la acuicultura se nos ha presentado como una industria limpia, pero en sus jaulas se producen vertidos de productos residuales propios de una explotación animal intensiva. La presencia de microorganismos, en ocasiones patógenos tales como bacterias y parásitos, pueden provocar infecciones dañinas para los propios animales y cuanto les rodea”.

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